13 ene 2009

Reflexiones de una tarde gris


Día XI


... revolviendo la nada

Me quedé en silencio, con la mirada perdida en las farolas de la calle. Pensando, claro... ¿cómo es que alguien puede apoderarse tan descaradamente de un corazón?, con tal fuerza; así, inesperadamente; con la exquisitez de la sencillez y, a la vez, la suma de la pasión y el arrebato; del amor incontenible e inlcuso, de la tristeza de dejar ir y esperar... sólo esperar.
Mientras perdía mis pensamientos en versos y cartas envejecidas por el paso del tiempo, el lápiz garabateaba sobre el papel, a la luz de la débil llama de una vela que se consumía lentamente.
Afuera, los truenos y relámpagos anticipaban la tormenta.

Esa noche volvió a llover.

No era posible calcular la hondura del silencio (...), como si la tierra se hubiera vaciado de su aire.
Ningún sonido; ni el del resuello, ni el del latir del corazón; como si se detuviera el mismo ruido de la conciencia.

Las palabras de Rulfo resonaban en mi cabeza; se hacían eco en mi mente
Horas... y el paso inevitable del tiempo.
La cera de la vela se consumió frente a mis ojos, rendidos por el sueño.


2 comentarios:

SANTIAGO dijo...

corazones que lloran silenciosos ... habrá un cielo para ellos?


p.d: dale, usted me manda las fotos yo las escribo, y si se anima las publica!

Andru y Alain dijo...

... te respondo con una frase q me mató!:

"...cuando hay gente que se quiere tanto tiempo a destiempo, merece alguna vez quererse a tiempo..."

Lo que últimamente me ha dejado sin palabras

Julio Cortázar... como siempre

Carta...

Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera, y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
todo eso que es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mi,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de libertad.